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Por: Lourdes Guadamud
La pandemia de la Covid-19 paralizó al mundo, quien iba a creer que todos nuestros planes se podrían desvanecer con la llegada de un virus.
De la misma forma que nos quitó, nos regaló grandes cosas.
Esta para forzosa no empujó a despertar, dábamos por hecho las cosas en casa, el amor por los más grandes del hogar y lo importante del amor de los nuestros.
Hoy en día sabemos que los niños sentía nuestra ausencia mientras estábamos por fuera ya sea trabajando o estudiando, empezamos a sentir la necesidad de comunicarnos a través de una llamada con nuestros padres, aprendimos a valorar lo importante de cada bocado de comida y entendimos lo valioso que es estar en casa.
Esta crisis mundial expuso las virtudes y valores de las personas, a mí me hizo entender que las crisis son un potenciador de actitudes. Hoy por hoy, en lo personal, disfruto de comer junto a ellos, de preparar el desayuno para mamá o de simplemente bañar al perro. Vivíamos tan de a prisa que solo nos enfocamos en lo que necesitamos, en lo que hay que pagar y lo que debemos alcanzar.
Esta pausa me cambio los planes y pensamientos, hizo que vea desde otro punto de vista al mundo, hizo que me cuestione una y otra vez ¿ De qué sirve el dinero si no tenemos aire para respirar? De que sirven los reconocimientos si abandonamos a quien nos dio la vida ?
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